Hay algo único en Europa que sólo tiene San Petersburgo: las noches blancas. Este fenómeno, que se explica por la posición de la ciudad en un paralelo relativamente cercano al Polo Norte, hace disminuir a tan sólo un par de horas las noches desde la segunda mitad del mes de junio hasta mediados de julio y confiere a la ciudad un aura de romanticismo inigualable. Alejandro Dumas, entre otros, quedó subyugado por la “atmósfera gris perla, con irisaciones de ópalo” que se extiende por el Neva, la avenida Nevski, la catedral de Nuestra Señora de Kazan… y por todo San Petersburgo: “Nada os dará la idea de una noche de julio en San Petersburgo. Ni la pluma ni el pincel: es algo mágico”.
Según una tradición que respetamos todos los petersburgueses, hacia la una de la noche nos acercamos al río Neva para disfrutar de los palacios iluminados y esperamos con emoción, desde lugares estratégicos, el momento de contemplar el levantamiento de los puentes, espectáculo que por mucho que se haya visto siempre parece nuevo.
Nuestro grupo de guías les propone una visita nocturna a la ciudad que empieza a las 23’30 y que incluye el recorrido por los malecones del Neva donde se encuentran los palacios, puentes y embarcaderos más emblemáticos de la ciudad. A continuación se realiza un paseo en barco por el río para observar desde él el levantamiento de los puentes. Un coche les devuelve a su hotel al final de la visita, cuya duración es de dos horas y media y es sin duda una de las más memorables que pueden hacerse en San Petersburgo.
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